Críspulo, Simónimo y Feldespato se van a pasar el rato
Esta es la historia de tres amigos una tarde de julio.
Críspulo era buen discípulo de Simónimo, mientras que Feldespato, por no ser esdrújulo, los acompañaba con interés y esperanza por la posibilidad de ganarse la tilde al final del día. Los tres se mantenían bien en equilibrio sobre una balsa de maderos rudos, mal arrimados y peor liados. Pero la estabilidad de la plataforma, aun siendo importante para llegar vivos al final del día, porque ninguno de los tres podría flotar por sus propios medios sobre el agua, no les importaba tanto como cuestiones muy superiores del pensamiento: la filosofía.
Críspulo fija la mirada en el río que se mueve debajo de ellos. “El río no es nunca el mismo dos veces”. Feldespato, con el ansia por impresionar a sus amigos, rapidamente interviene. “Ni tres”. Simónimo parece ausente y reflexivo, y si uno observa bien, podría pensar que está estudiando los riachuelos y afluentes que confluyen en el río, quién sabe si fantaseando con una rápida exploración hacia su misterioso origen. “No lo entiendes, lo dijo Parménides”, dice, seco, Críspulo. Feldespato se ve obligado a apostillar nuevamente. “Gran esdrújulo, ese Parménides”.
(Continuará…)